lunes, 17 de marzo de 2008

1:40


A veinte para las dos de la mañana, casi parpadeando. Un tanto agotado, debajo un poco de luz que me cubre para poder escribir, con la última bocanada de cigarrillo que había guardado durante todo un día de stress y rutina, con la mente un tanto perturbada por la ausencia de un recuerdo, que no hace más nada que rondar y jugar con mi inconsciente, ése que te llena de lamentos, y te llena de culpa, merodeando y burlándose de ti. Tratando de abatir una inmensa gama de colores que visten el pasado y de olores que te persiguen, aunado a canciones y voces que te hacen retroceder. Manteniéndote dentro de un plano alejado de la realidad. Que te distancia de lo tangible a lo intangible, sabiendo lo que sucedió y no volverá, y de ser así jamás será igual.

Ahora bien… ¿quién te puede dictaminar? sí lo que aconteció ¿Fue bueno o fue malo?

Aún no soy quién para descifrar eso y mucho menos tú. No creo en las casualidades ni mucho menos en las coincidencias, no creo en la suerte, ya que estás en la búsqueda de esa carencia y en el afán de creer en Tú verdad, por que tu verdad jamás será igual a la mía o viceversa. Ya que por muy iguales que parezcamos hay diferencia entre patrones, conductas y comportamientos desiguales. Reitero una vez más; vive tú día a día creyendo en falsas promesas, o en falsos predicadores. Que sólo se acercan a ti para crear una especie de raza manipuladora, de cerebros nonatos, y llenas de ansiedad con una gran carga de dolor aunado a un contexto banal, a cambio de una felicidad materialista, consumista, y llena de plástico.

Cierro esta apreciada cuartilla, haciendo inferencia en que: Persigas tu fantasía estúpida y llena de prejuicios, ayudando a crear una especie de nefastos hombres, que pagan por un momento de “felicidad”. Y contribuyen a la alienación y creación de charlatanes oportunistas, que llenan sus bolsillos a través de una infelicidad ajena.

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